El Mercosur tuvo su primera reunión presencial tras dos años de virtualidad, producto de la pandemia. Pero lejos de la celebración, el bloque tuvo otro episodio de tensión y discusiones que generan incertidumbre sobre el futuro.

El gobierno de la república oriental informó que comenzó a negociar un acuerdo de libre comercio  con China por fuera del bloque, violando -o jugando al borde de- las normativas del Mercosur que establecen que las negociaciones con otros mercados deben ser en bloque.

Luis Lacalle Pou dice que no vulnera nada pero el resto de los países le enrostran el Tratado de Asunción, que plantea con claridad que su actitud es rupturista. Luego de que el líder uruguayo anunciara esta decisión una semana antes de verse las caras en Paraguay, los cancilleres tuvieron dos reuniones de alta tensión. Una fue pública, durante la Cumbre en el centro de convenciones de la Conmebol, y la segunda fue en privado, en otro lugar físico donde se sacaron chispas. ¿Acuerdos? Ninguno ¿Consenso? Menos.

Para la reunión de presidentes todo estaba agotado y eso se vio con claridad en el convite que, con tono más bajo, todos dijeron lo mismo y nadie cedió un tranco de pollo. Así las cosas, después de repasar sus diálogos con los líderes mundiales en el G20, G7 o la Cumbre de las Américas, Alberto Fernández rechazó “la idea de ir separados”, pidió que el acuerdo con China se realice en bloque e insistió en la necesidad de “protegernos” en un contexto mundial complejo e incierto.

“Entiendo a los socios del Mercosur pero no nos vamos a amputar. Para proteger a nuestra nación necesitamos abrirnos al mundo”, respondió Lacalle Pou haciendo caso omiso a las sugerencias de sus vecinos.

Con menos protagonismo, Brasil y Paraguay se alinearon con Argentina en defensa del bloque y sumaron una carta poderosa para demostrar que, a diferencia de lo que dice Uruguay, el bloque está predispuesto a abrirse a otros mercados. De esta manera, anunciaron la rebaja del 10 por ciento del Arancel Común Externo y el acuerdo de libre comercio con Singapur, que no incluye sectores sensibles para Argentina y Brasil -como la industria automotriz o la textil-. Un dato importante que recordó el presidente paraguayo, Mario Abdo Benítez, es que el Mercosur vuelve a firmar un acuerdo con otro mercado después de 2010, cuando se hizo lo propio con Egipto. Singapur no será el único, están avanzado las rúbricas con Canadá y Corea. ¿Y entonces, Uruguay? Después de China va por la suya con Turquía. Macanudo.

Los “defensores del Mercosur” sumaron un actor inesperado contra el vecino díscolo. Se trata de Bolivia, que espera la aprobación del Congreso de Brasil para sumarse como miembro pleno del bloque y, al menos en Argentina, lo consideran un jugador estratégico y con recursos claves, como el litio.

Para rubricar las diferencias expuestas, Uruguay no firmó el documento final (en realidad hubo cuatro pero este abordaba aspectos claves del comercio), luego de negarle la posibilidad de incluir el concepto de “modernización y flexibilización” para las negociaciones unilaterales con otros mercados.

Sin uruguayo en el texto final, Argentina, Brasil y Paraguay sumaron a Bolivia en un documento que, entre otras cosas, abre la puerta a un acuerdo con la Unión Europea, “que sea beneficioso para todas las partes”. Así, con desgano, Uruguay asumió la presidencia pro-témpore del Mercosur con la certeza de que su aislamiento lo deja al borde la ruptura. ¿Dará ese paso? Uruguay tiene una costumbre de tensar la dinámica mercosuriana con el objetivo de pelear para resolver las asimetrías lógicas. Lo hizo el Frente Amplio en 2013 durante la presidencia de José “Pepe” Mujica con Luis Almagro de Canciller y repitió la metodología el canciller de Tabaré Vázquez, Rodolfo “Nin” Noboa, en 2017, cuando planteó un acuerdo similar con China que tuvo el rechazo del opositor del propio Lacalle Pou, por entonces senador.

Con este panorama, el cálculo que hacen Argentina, Paraguay y Bolivia es una victoria para que Lula facilite un relanzamiento y fortalecimiento del Mercosur, obligando a Uruguay a seguir formando parte más allá de su fastidio. Con Brasil y Argentina en sintonía, podría resultar más sencillo pensarse como la quinta economía global en un escenario de crisis.

Así camina el bloque, con debates bizantinos, fuertes diferencias  y el dilema de pensarse en un mundo incierto.

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