Chile se juega buena parte de su futuro en el plebiscito de salida que cierra un largo proceso que comenzó en septiembre de 2020. El debate por una nueva Constitución que reemplace la del dictador Augusto Pinochet fue el catalizador de la bronca popular expresada durante el estallido social de octubre de 2019.

Un recorrido rápido permite transitar de las masivas marchas anti-sistema hasta el proceso de la elección de un gobierno de izquierda por primera vez desde Salvador Allende, para terminar con una nueva Cara Magna. Aunque suene lógico, el camino es más sinuoso de lo que se piensa.

Las últimas encuestas dan arriba el Rechazo por una diferencia de 10 puntos pero con un alto porcentaje de indecisos. Eso muestra una paridad que convierte al plebiscito en una moneda al aire. La pregunta es cómo se pasó de un 80-20 de 2020 a un escenario de derrota en dos años. Partiendo de la base de lo que vienen publicando las encuestas y siendo consciente de sus márgenes de error, lo que se observa es una serie de puntos que podrían explicar el retroceso.

El primero está vinculado a la dinámica de la construcción de la Convención, muy centrada en la agenda reivindicativa de la izquierda, con poco espacio para procesar las críticas de quienes apoyan el Apruebo y una narrativa partisana que cerró los espacios en lugar de ampliarlos. Un debate abierto durante todo este tiempo fue la necesidad de incorporar a sectores de centroderecha y empresarios a la redacción del texto, algo que los constituyentes del Partido Comunista y aliados siempre resistieron.

El segundo punto está ligado a errores propios de comunicación, que las autoridades reconocieron y nunca terminaron de resolver.

El tercero, tiene que ver con la campaña de desprestigio organizada por la extrema derecha y algunos medios de comunicación, tendiente a tergiversar muchos de los artículos nuevos e instalar la idea de que se busca dar autonomía absoluta a los indígenas o que las pensiones de las AFP serán confiscadas por el Estado, entre otras mentiras.

El último punto de este nuevo y más complejo escenario para el Apruebo es la valoración de la gestión de Gabriel Boric. Terminada la luna de miel de los primeros 90 días, el presidente de Chile se encontró con los mismos problemas que hicieron crecer al pinochetista José Antonio Kast en las elecciones generales: seguridad, violencia en la Araucanía y crisis migratoria.

Los chilenos siguen descontentos con la falta de soluciones para estos problemas y atan la posibilidad de una nueva Constitución a una suerte de referéndum a la gestión presidencial. El Gobierno intentó evitarlo pero las encuestas sostienen que, a medida que cae la imagen presidencial, cae la intención de voto del Apruebo.

Por eso, vienen trabajando para convencer a los indecisos y “bajar el costo político del apruebo” con iniciativas como la que se anunció a principios de mes, donde 11 partidos aliados del Jefe de Estado se comprometieron a rediseñar los artículos “polémicos” por falta de precisión en la redacción o malicia de los detractores. Lo ocurrido el pasado sábado, con un grupo de artistas en una performance desubicada que incluyó el acto de meterse una bandera en el ano como una forma de cuestionar lo que la Constitución viene a cambiar fue un centro a la cabeza de los militantes del Rechazo, en un margen de maniobra cada vez más angosto.

Es lógico que el Presidente no quiera atar su suerte a la Constitución, o viceversa, y por eso piensa escenarios posibles para la derrota. Al momento, se barajan tres. Uno es reimpulsar un proceso constituyente similar, algo que dejó claro el titular del Partido Comunista pero no es visto con buenos ojos, sobre todo en sectores independientes.

El segundo escenario es sumar al debate a los parlamentarios, aunque se rechazó en el plebiscito de 2020. A la luz de los hechos, muchos consideran que puede ser una alternativa sensata y menos ideologizada.

El tercer punto sería la creación de un grupo de expertos que le aporten una mirada técnica y pragmática al nuevo texto.

Para el oficialismo, el nuevo diseño institucional es determinante para aplicar su programa de gobierno. Sin Constitución ni mayoría parlamentaria, es prácticamente imposible avanzar en buena parte de las reformas claves. Por eso, de alguna manera, el sábado se define el futuro de Boric.

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