Por Miriam Marlene

Testimonio de Daniel Sandoval. Docente – Militante villero

El censo del año 2018 realizado por la Encuesta Anual de Hogares arrojó que en las villas porteñas residen 231.811 personas. Dos años después, se habrán ido algunos y se sumaron otros. La única diferencia entre las villas en sí son los perímetros que las contienen geográficamente. Al interior de cada una de ellas, las historias son parecidas. El hilo conductor es la realidad efectiva que acontece inalterable. Aquella en la que la nieta de Mirtha Legrand expone sin culpabilizarse y representando la alteridad de la gente de bien: la villa 31, ¿corresponde a capital o provincia?, se pregunta en el programa de su abuela.

A veces, a nosotros también nos cuesta discernir las fronteras;  sobre todo cuando llegamos recién de las provincias más alejadas o de los países limítrofes, a veces solos o con las familias, como en tantas otras ocasiones de la historia, como tantas otras historias.

Entonces arrancamos, yendo y viniendo, subiendo y bajando, errando y aprendiendo, con la voz baja tratando de no molestar, pero con la idea de engancharnos al sistema, una cuestión mayor, entendiendo que la subalternidad ya está dada desde el minuto cero. Vivir en la villa implica ser ciudadano de segunda.

 

Entre el Hambre, el Dengue y El Coronavirus

El barrio María Auxiliadora es un apéndice del Barrio Inta, ubicado entre los limites de las Autopistas Riccheri y Gral Paz, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

El docente Daniel Sandoval, vecino del barrio, refleja en su testimonio la necesidad de hacer llegar  los reclamos genuinos a los responsables gubernamentales,  pero también, refleja los intentos cotidianos de supervivencia en las villas.

Es natural que los vecinos nos juntemos en alguna esquina de alguna manzana de la villa para conversar sobre el bien común; la luz siempre se corta, las calles siempre se inundan, el narcomenudeo siempre acarrea mayor inseguridad, entre tantas otras situaciones, y hay que organizarse para avanzar.

La imprevisible pandemia llegó y se propagó en varias villas de la ciudad, y se sumó a los problemas estructurales preexistentes, ademas de la gravedad del dengue y la desinformación.

Y, si bien, la buena noticia sea que María Auxiliadora es uno de los barrios que no tiene casos confirmados de COVID-19 hasta la fecha, enfrentamos el limite del miedo subsumidos bajo la amenaza constante de otra realidad. El Hambre.

La gente del barrio María Auxiliadora, como lo afirma el docente Daniel Sandoval, es mayoritariamente de clase trabajadora, y como tal, está profundamente castigada por los efectos de la pandemia, principalmente por la falta de trabajo que debilita la economía doméstica.

Los comedores comunitarios colapsan y resulta cada vez mas frecuente ver colas de 150 personas o más en cada local. Y casi todos los días, casi la mitad de esos vecinos, se vuelven con los tappers vacíos.

La pandemia no solo está destruyendo el tejido social productivo. La pandemia está obligando a vivir con vergüenza, a competir con otro vecino para llevar un poco de comida caliente al hogar.

El virus está cerca. Los recursos del estado no alcanzan. A los vecinos no nos queda casi nada por perder. Ni siquiera la dignidad.

Que te pareció esta noticia? 0 votos, promedio: 0,00 de 50 votos, promedio: 0,00 de 50 votos, promedio: 0,00 de 50 votos, promedio: 0,00 de 50 votos, promedio: 0,00 de 5 (0 votos, promedio: 0,00 de 5)
Registrate o ingresá para votar!
Cargando…

Artículos Relacionados

Hacer Comentario