Diez años después de que Kosovo se independizara de Serbia, el país comienza una nueva época política, que no sólo es una amenaza para su modo de funcionamiento y organización jurídico-político, sino que también lo es para su existencia como tal.

 

Demasiado diálogo

Existe una creencia, que ha devenido casi en un mito, especialmente entre los liberales y los liberales de izquierda, de que una de las causas de las tensiones e inestabilidades en los Balcanes en general, y entre Kosovo y Serbia en particular, se debe a la falta de comunicación, diálogo, etc. Según esta creencia, si los representantes de los dos países se sentaran juntos y hablaran, la historia de esta región hubiera tomado un rumbo diferente. Indicio de esto es la emoción que expresan los funcionarios de la UE cuando los líderes de Kosovo y Serbia se encuentran. Para la UE, el mero apretón de manos entre los representantes de los dos países es un gran logro.

Sin embargo, hay una contra historia para esta narrativa. El problema entre Kosovo y Serbia no es la falta de diálogo o comunicación entre los líderes de los dos países. En la llamada historia reciente, ambos países han dedicado más tiempo a participar en diálogos y negociaciones, del que han pasado sin diálogos formales entre ellos. Esto comenzó en 1997 con las mediaciones de La Comunidad de Sant’Edidio, cuando el líder de los albaneses de Kosovo, Ibrahim Rugova, y el Presidente de la Federación Yugoslava, Slobodan Miloševičse, firmaron un acuerdo sobre la restauración de la educación en lengua albanesa en Kosovo. Luego del estallido de la guerra en febrero de 1998, las negociaciones comenzaron entre las dos partes en mayo de ese año. La Conferencia de Rambouillet en 1999 marcó el final de este período de negociaciones. Se “reanudaron” a principios de la década del 2000; los albaneses de Kosovo estaban en ese momento representados por los representantes de las Naciones Unidas (que administraron Kosovo desde junio de 1999 hasta febrero de 2008). Más tarde, en 2005, se llevaron a cabo las negociaciones formales para el acuerdo sobre el estatuto definitivo de Kosovo. Esta segunda parte de las negociaciones llegó a su fin en 2008. Sin embargo, en 2011 comenzó el tercer período, coordinado por la UE, primero sobre los “asuntos técnicos”, esta mediación tomó un carácter abiertamente “político” más adelante. Desde 2011, se han firmado algunas docenas de acuerdos, de los cuales solo unos pocos han sido implementados.

Por lo tanto, el problema entre Kosovo y Serbia no es la falta de diálogo; el problema entre los países es que hay demasiado diálogo. Y uno debe entender esto casi literalmente. En parte, muchos de los problemas existentes entre ellos son resultado directo de las negociaciones en las que se han involucrado. Hay algo muy sospechoso, tanto en la presión, como en la urgencia de incluir las dos partes en la mesa de negociaciones.

La lección que uno debe aprender de la historia de las negociaciones entre los dos países es que, en ciertas coyunturas histórico-políticas, en vez de ayudar a resolver los problemas, las negociaciones contribuyen a complicar aún más los problemas en un país dado. Esto es lo que está sucediendo en Kosovo ahora. Cuando la situación es tan tensa como lo es la relación entre Kosovo y Serbia, lo que es imperioso es establecer una distancia entre las partes. Es decir, la ideología de las negociaciones, que implica el constante ir y venir de la mesa, es parte de la dinámica política que mantiene las relaciones de poder tal como están.

 

Divisiones étnicas

La fase actual de las negociaciones entre Kosovo y Serbia ha tenido algunos momentos políticos cruciales. El momento más importante fue en agosto de 2015, cuando se firmó el acuerdo para la Asociación de Municipios Serbios. Según este acuerdo, el país sería dividido en líneas étnicas, por lo que la minoría serbia crearía su “estado dentro del estado”. A esto hay que sumar el estado de extraterritorialidad de la Iglesia Ortodoxa Serbia, que fue obtenido de la Propuesta Integral del Acuerdo sobre el Estatuto de Kosovo, conocido también como “el plan de Ahtisaari” (que tomó el nombre por Martti Ahtisaari, el jefe del equipo de negociación). Con base en el acuerdo de asociación, los municipios serbios -incluidos los cuatro municipios del norte del país, donde Belgrado ejerce un control casi total- establecerían su poder ejecutivo y legislativo, independiente del marco jurídico-político del país. Según un fallo del Tribunal Constitucional de Kosovo del 13 de diciembre de 2015, este acuerdo tiene 23 violaciones constitucionales y, por lo tanto, debe volver a redactarse. Sin embargo, todas las partes involucradas en el diálogo insistieron en que esta forma de acuerdo fuera impulsada y votada en el parlamento. Durante este período, de aproximadamente ocho meses, el Parlamento de la República de Kosovo se mantuvo casi sin efecto. Se convirtió en un espectáculo de protestas y enfrentamientos entre los partidos de la oposición y el gobierno. Las escenas de miembros del parlamento de la oposición lanzando gases lacrimógenos en el parlamento llegaron a ser noticia internacional. Fuera del parlamento, cientos de miles de personas tomaron las calles, protestando contra este acuerdo. Su protesta también era por el acuerdo sobre la demarcación de la frontera con Montenegro, donde Kosovo entregaría 8200 hectáreas de su territorio existente; este acuerdo fue ratificado por el Parlamento de Kosovo en marzo de 2018. Se consideró que la ratificación de la ley de demarcación era la última de las condiciones establecidas por la UE con respecto a la liberalización de visados para la zona de Schengen, que aún no se ha producido aunque la ley ya ha sido ratificada. Vale la pena señalar que Kosovo es el único país de Europa que se encuentra bajo un régimen de visado con respecto a la zona de Schengen, un procedimiento que es estresante y humillante para quienes deben atravesarlo.

Todo esto es muy importante porque determinará, en gran medida, el resto del proceso de negociación, lo que la UE y otros denominan la “fase final”. Se nos dice que se llegará a un acuerdo histórico entre Kosovo y Serbia en el próximo par de meses, en marzo como mucho (es decir, antes de las elecciones parlamentarias de la UE fijadas para mayo de 2019).

 

El acuerdo final

Aunque la frase “etapa final del diálogo” penetró en nuestros vocabularios diarios, hay dos problemas con esta expresión. El próximo acuerdo entre los dos países no parece ser ni el acuerdo final, ni la etapa final del diálogo entre ellos. De hecho, parece que estamos pasando por una noche de muertos vivientes: se trata mayoritariamente de fuerzas que no tienen ninguna eficacia política y luchan por mantenerse con vida, pretendiendo tener algún tipo de control sobre la realidad política. Este es el caso de Hashim Thaçi, el actual Presidente de la República de Kosovo, cuya existencia política hasta ahora está caracterizada por participar o iniciar negociaciones con la República de Serbia. Al ser chantajeado o chantajeable, Thaçi encaja perfectamente en el marco de la ideología de las negociaciones. De hecho, es muy difícil distinguir entre un proceso de negociación y su figura.

En estos últimos meses, el proceso de negociaciones con Serbia se convirtió en la principal prioridad para el país. Y este es un hecho sospechoso en sí mismo. Parece que Kosovo existe políticamente, solo para entrar en negociaciones con Serbia. Mientras que el primero existe para las negociaciones, este último las explota en una doble dimensión: expande y fortalece su papel de mini potencia imperial en la región, y progresa hacia la integración de la UE más rápidamente que cualquier otro país en la región.

Entre las muchas propuestas para la solución final e histórica entre estos países, tres de ellas parecen ser tomadas más seriamente y es considerado que tienen más potencial político: a) la separación de Kosovo (la parte norte se uniría a Serbia); 2) intercambio de tierras (donde Kosovo obtendría una parte de la región del valle de Presheva en el sur de Serbia, mientras que Serbia llegaría hasta el norte de Kosovo); 3) delimitación de la frontera. Cada una de estas tres propuestas parece ser aceptada por Thaçi, así como por su homólogo serbio, Aleksandar Vučić. Y esto no debería ser una sorpresa. Ambos presidentes son líderes autocráticos, cuya comprensión de sus respectivos estados es similar a las disputas medievales, y actúan como si tuvieran la propiedad plena. Por lo tanto, hablan sobre intercambio y separación de tierras o delimitación de fronteras como si los países fueran su propiedad privada.

 

Sin embargo, quiero proponer otra tesis, que parece ser una solución más factible si es comparada con las ideas que actualmente circulan y se están discutiendo. Aquí va la hipótesis: es muy difícil, quizás imposible, imaginar que las negociaciones entre Kosovo y Serbia resultarán en una separación del país o el intercambio de tierras. Al menos, esto parece imposible en la coyuntura histórico-política actual. Sin embargo, esto no significa que la única amenaza existencial para este país sea la separación. Por el contrario, creo que, precisamente porque la separación no es una opción política seria, deberíamos preocuparnos por otras posibilidades, para lo cual la separación sirve como una cortina de humo política.

Estoy convencido de que el presidente Thaçi presentó esta idea sólo como una pantalla. De hecho, esto no es nada nuevo. El presidente Thaçi ha construido su carrera política ya sea robando proyectos políticos (guerra de liberación, declaración de independencia) o creando agendas políticas falsas (“negociaciones técnicas y políticas con Serbia”). Lo que es más desconcertante es esto: ¿cuál es la función, qué hay detrás de las propuestas para la delimitación de la frontera, el intercambio de tierras, la separación, el reconocimiento mutuo por un acuerdo legalmente vinculante? Nos bombardean con diferentes ideas sobre la solución final entre Kosovo y Serbia, solo para enmascarar, para encubrir una solución real que, en mi opinión, consistirá en una versión de la República Serbia, similar a la de Bosnia y Herzegovina. Aquí está la ironía: Slobodan Milošević, Radovan Karadžić o Ratko Mladić podrían estar muertos o condenados por genocidio y otros crímenes de lesa humanidad, pero la verdad es que sus proyectos políticos están siendo implementandos, primero en Bosnia y Herzegovina, luego en Kosovo. El fin de semana pasado, el presidente Vučić visitó el norte de Kosovo. Fue significativo que en su discurso, considerado como “el discurso más importante de su carrera”, celebró y rehabilitó a Milošević, al que calificó como “un gran líder serbio, cuyas intenciones fueron ciertamente las mejores, pero nuestros resultados fueron muy pobres”. El problema que tiene con Milošević no es que haya sido un criminal de guerra, responsable de tres guerras en la región durante la década de los 90 y cientos de miles de muertos, sino la debilidad de Milošević por no haber logrado realizar el proyecto de la Gran Serbia. Debido a este fracaso “histórico”, Vučić se propone exprimir todo lo que pueda: ampliar su control en Kosovo, junto con el control político y económico de Bosnia y Montenegro.

La solución final, según nos dicen, adoptará la forma de la Asociación de Municipios Serbios de la República de Kosovo. Sin embargo, su finalidad no es definitiva ni decisiva. Basta señalar que hay al menos 200 puntos discutibles sobre la posible demarcación de la frontera entre Kosovo y Serbia; aproximadamente 50 de ellos son propiedades privadas o de personas que viven en esos lugares. Esta es una solución étnica que preserva y profundiza la presencia de Serbia en Kosovo en su forma neocolonial, al tiempo que traduce el problema albanés-serbio de la injusticia económica y la explotación y ocupación política, al ético-cultural de las dos naciones. La diferencia entre la Asociación de Municipios serbios como solución étnica y la declaración de la independencia de Kosovo es enorme; explicar esto requeriría otro artículo. El problema con esta Asociación es que no protegería/empoderaría/proporcionaría más derechos para los serbios de Kosovo. Sería sólo una extensión del gobierno serbio en Kosovo, y sostendría el mini-imperialismo serbio.

No hace falta decir que es una cuestión de necesidad y urgencia movilizarse políticamente no sólo contra la forma existente de negociaciones entre Kosovo y Serbia (en la cual las figuras como Milošević han sido completamente rehabilitadas y sirven como una brújula política para el actual régimen gobernante), sino también en contra del eventual acuerdo. En Kosovo, la precondición para esto es la rebelión contra Thaçi y el gobierno actual, que, seguramente, comenzará a partir de este mes. ¡Y hay esperanza! El principal partido de oposición Lëvizja Vetëvendosje! (Movimiento de Autodeterminación!), que en las elecciones de junio de 2017 se convirtió en el partido más grande del país. El partido de centro izquierda, Lëvizja Vetëvendosje! se opuso al diálogo entre Pristina y Belgrado, proponiendo el diálogo entre el gobierno de Kosovo y Serbia y otras minorías en Kosovo. Como el gobierno actual no parece poder gobernar el país, ni a sí mismo (gobierno minoritario), las elecciones anticipadas parecen estar dentro del horizonte.

 

* Agon Hamza es Doctor en Filosofía (Universidad de Ljubljana). Autor del reciente Reading Marx, junto con Slavoj Žižek y Frank Ruda. Traducción de Nadia Lucero.

 

Ilustración: “Pensando en ti” instalación de Alketa Xhafa-Mripa, 2015

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