Visitó el piso de FM La Patriada la jugadora de fútbol y directora técnica, Mónica Santino, quien habló sobre fútbol femenino y su experiencia, entre otros temas.

“A nosotras siempre nos costó un poco más que a ustedes (vivir la presión de ser jugadores de fútbol), aunque en cierto sentido creo que a veces nos beneficia en algunas cosas que ustedes sufren y nosotras no. Por eso digo que nosotras seguimos con todos los palos y obstáculos pero seguimos disfrutando de la esencia del juego sin la presión que tienen los varones. Por eso, para mí fue muy bueno Pelota de Papel (libro de cuentos escrito por jugadores y ex jugadores de fútbol). Sirvió como un camino para ponernos a todos en el mismo lugar y hablar de igual a igual porque nos une la misma pasión: el amor por la pelota; un juego que sigue siendo un misterio en muchos puntos pero que a nosotras nos enaltece”.

Mónica contó que el amor por el fútbol empezó en su casa. “En mi casa el fútbol era la salida de los domingos. En mi familia somos hinchas de Vélez, entonces íbamos todos a la cancha. Mi viejo recibía junto con la revista El Gráfico, la revista Goles y yo me las devoraba”.

Respecto a su camino como jugadora, la actual entrenadora de fútbol femenino de Villa 31 recordó: “siempre que  veía un partido desde la puerta de mi casa quería jugar y las ganas de jugar eran más grandes que las burlas o todo lo que me podían decir. Me fui haciendo un lugar de a poco. En principio miraba desde afuera, después no sé cómo empezó a pasar que me sumé. Llega un momento en que sos parte, ya no se nota más si sos hombre o mujer o qué sos. Y eso pasa mucho cuando sos pibe o piba. Es hermosa esa etapa, la volvería a vivir donde haces los arcos, juntas guita para la pelota, que la vecina te eche el balde de agua para que no juguemos mas. Una etapa de la vida maravillosa. Estoy hablando de los años ’70. Yo hoy tengo 53 años, así que en ese momento realmente las mujeres que hacíamos eso éramos bichos raros y las que aprendimos a jugar así aprendimos a jugar muy bien. Eso que no se enseña en ninguna escuela”

“Para mi familia, para mi viejo y mi abuelo, al principio era como un orgullo y después cuando empecé a crecer ya no, ya era parte de discusiones familiares. Que no correspondía, que no podía estar en la calle y sobre todo a la edad en que los cuerpos cambian, a los 13 o 14 años, ahí ya no estaba bueno. Y los comentarios de la gente tampoco estaban buenos. Ahí perdí la fama de la pibita que juega bien y ya venían otros mandatos, otros conceptos muy duros. Y la verdad que no está bueno. Son parte de las heridas que muchas de nosotras tenemos, sobre todo las más viejas, que de alguna manera abrimos caminos”.

“Yo estoy muy orgullosa de lo que pasa ahora, de ir a una plaza o a un lugar público y ver a una mamá y una nena pateando o a un papá y una nena. Por ejemplo, ayer en la escuela pública que va mi hija, el Mariano Acosta, un maestro me pidió que entre a un tercer grado. Había toda una revolución porque habían jugado un partido mixto contra otro grado y ese grado perdió. Y los pibes decían que eso pasó por culpa de las mujeres y entonces las pibas hicieron una protesta, una manifestación adentro de la escuela para poder jugar. Pibitas de 8, 9 años. Yo nunca hubiera hecho eso a los 8 años. Y las pibas pidieron eso, seguir jugando. Y escucharon que mañana juega la selección y les contamos el laburo que hacemos en la 31, y la verdad que ver a pibas de 8 años levantando la mano para hablar está bárbaro”.

Al ser consultada sobre su militancia y la idea de ver al fútbol como un elemento transformador de la realidad social respondió: “Yo creo que empecé a entender que era una militancia cuando empecé a jugar, luego jugué en AFA, pero creo que el clic definitivo, el darte cuenta y tener la verdad ahí en la cancha, fue en la villa 31. Fue un proceso que armamos con las compañeras. En principio me llamaron para ir a jugar al fútbol al barrio, para sostener a un grupo de pibas que recién se armaba, que no podían estar solas. Empecé sola, paso un año, pasaron dos y cuando logramos apoderarnos de la cancha y el grupo se fue acrecentando, también creció el grupo de mujeres que trabajaba con las chicas. Todo ese proceso es lo que nosotras este año dimos en llamar Fútbol Feminista, por lo que ocurre, porque en la cancha más importante del barrio, que antes siempre estaba ocupada por pibes, las pibas se ganaron el lugar. Lo sostienen pase lo que pase, llueva, salga el sol, la cancha es espacio público más importante del barrio. Es decir, hay un millón de necesidades, pero nunca se va a construir una casa dentro de la cancha. Entonces, un espacio público que en un momento fue tomado por un grupo de mujeres a la vista de todos, eso fue increíble”.

“Y a partir de ahí la serie de transformaciones que se fueron dando. Entender que muchas de estas pibas son las que nacieron después de los 90, después de una destrucción total del tejido social en donde las cuestiones pasaban nada más que por cada una, y el fútbol les demostró que es colectivo, que para hacer un gol tenes que hacer pases, que no dependes únicamente de la talentosa, que también es necesaria la que marca y deja la piel en cada pelota. Y en el caso de nuestra condición de mujeres era entender que teníamos un cuerpo que podía hacer otras cosas. Y que no estaba solamente echo para las tareas domésticas, para el cuidado de niños, a las tareas pesadas que las mujeres en el barrio asumen a una edad muy temprana. Entonces, el fútbol desenmascaró todo eso. Y aparte de eso, el fútbol forma parte de nuestra cotidianidad: desde las frases que decimos, de las cosas que hacemos, desde los murales ahí en el barrio”.

“Entonces, el fútbol es una herramienta muy poderosa para combatir la violencia de género porque estas destrabando el deporte que a vos siempre te dijeron que no podías hacer porque eras mala, porque vos no tenes la fuerza para hacerlo. Nos empoderamos nosotras como técnicas y las pibas como jugadoras. No vamos a hacer “caridad” al barrio, no vamos a hacer asistencialismo” aclara Mónica sobre su trabajo militante en la Villa 31 de Retiro.

Programa Final del Juego

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