El 8 de marzo las compañeras de Proyecto Comunidad convocamos a la jornada de lucha que con fuerza y valentía encarnamos las mujeres, lesbianas, trans, travestis e identidades no binares en todo el mundo. Una lucha contra la desigualdad y por la construcción de prácticas equitativas y democráticas en todos los ámbitos de la vida.
Lxs compañerxs de Proyecto Comunidad nos organizamos en cooperativas de trabajo y en espacios de construcción y creación de colectivos basados en la explícita colaboración y participación, para la institucionalización de relaciones justas e igualitarias. Las formas tradicionales de producción, históricamente ligadas a la lógica patronal masculina, incuban el abuso de poder, de clase y de género. Contra esas lógicas, entendemos que la organización cooperativa es una forma que nos permite dar cotidianamente nuestra batalla por la libertad y la igualdad, en nuestros espacios de trabajo y militancia. No es una tarea sencilla, porque las lógicas patronales y desigualitarias nos atraviesan como sujetxs desde lo más profundo de nuestra constitución y nos exigen una disposición alerta, crítica y sensible a los padecimientos naturalizados por siglos de historia patriarcal, capitalista y colonial.
Peleamos por la ampliación de derechos, por la libertad y por la vida. Peleamos por el derecho a una educación para la libertad, por una comunicación democrática, por el derecho al trabajo, la vivienda y la salud. Y peleamos contra la violencia machista y asumimos la jornada del 8M con la importancia que la jornada merece. Luchamos e invitamos a luchar contra las inercias que habitan las prácticas cotidianas que reproducen el sometimiento de las mujeres: la familia es sólo uno de los espacios que, basados en la explotación del trabajo femenino, institucionalizan la desigualdad. La tarea exige de asambleas, debates y conversaciones que tematicen explícitamente la desigualdad de género entre compañeros y compañeras de trabajo y de militancia.
Pero si las instituciones más diversas de nuestra vida económica, política y cultural deben ser revisadas por cristalizar cada una de las prácticas injustas, menospreciadoras y violentas, una mención especial merece en nuestra coyuntura nacional y regional el Poder Judicial. Sus instituciones no sólo observan en absoluta pasividad sino que reproducen y en casos fomentan el recrudecimiento de la violencia machista, como lo han hecho históricamente con la violencia racista y clasista. Cada día, cientos de mujeres denuncian maltrato, acoso, abuso, violaciones, y otras formas de violencia. La contracara es un estado mínimo, un gobierno nacional que profundiza el hambre y la exclusión y ajusta las partidas presupuestarias en materia de género, sumado a jueces incapaces de asumir el compromiso que nuestra realidad demanda para detener y evitar la violencia contra las mujeres, travestis, trans… Como resultado, miles de niñxs crecen bajo la naturalización del maltrato y la opresión, reproduciendo la violencia estructural y la desigualdad. Denunciamos la desidia y el abandono como otra forma de violencia, rechazamos los segregacionismos y las reacciones conservadoras y antipopulares.
No queremos sólo el papel de víctimas, somos mujeres políticas. Nos mueve el deseo y la empatía con las diversas formas de padecimiento. Nos reconocemos en una lucha histórica y mundial, cada vez más poderosa. Este 8M vamos a intensificar nuestra lucha cotidiana contra las desigualdades enquistadas en la herencia de una cultura injusta, machista y patriarcal, desde cada uno de nuestros espacios. El futuro es feminista y popular. El 8M LUCHE, Y QUE SE ESCUCHE!

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