Por Miriam Marlene

La frescura y espontaneidad en el testimonio de Axel, Ronaldo  y Ariana, nos transmiten la idea de cómo transitan sus días de cuarentena los adolescentes de los barrios populares del sur de la ciudad.

Está claro que el cumplimiento efectivo de la cuarentena obligatoria es viable solo en algunos estratos de la sociedad. La idea de distanciamiento social se torna difusa cuando el habitat no está planificado desde la perspectiva de un ordenador social, sino que es un conglomerado informal producto del cada vez mas difícil acceso al suelo y a la vivienda propia, con lo que no estamos diciendo nada nuevo.

Si analizamos los términos sociodemograficos, en las villas porteñas existe una mayor cantidad de población juvenil por sobre los demás rangos etarios. Un estudio realizado por el Observatorio de la Deuda Social Argentina, dependiente de la Universidad Católica Argentina reveló que un alto porcentaje de los jóvenes son  los mas perjudicados en el entramado de la marginalidad económica.

Pero, ¿cómo se traducen las encuestas numéricas y porcentuales en los barrios vulnerables en épocas de cuarentena?.

Vivienda digna es la consigna de una reivindicación histórica de los sectores populares y sirve a los efectos prácticos de focalizar la problemática habitacional. Sin embargo, la emergencia de la pandemia deja en evidencia la necesidad de la separación de los términos y de las personas, en cuanto a que, las estructuras de las viviendas deben ser confortables, para que las personas que la habiten sean dignas.

La cohabitación es una de las principales características de las villas. Un mismo espacio sirve como escenario para todas las actividades de todos los integrantes de la familia. Cada hogar es generalmente un unicomedor-dormitorio-sala-star-cocina y baño a la vez. Solo algunos hogares cuentan con el privilegio de tener un patio.

Tanto Axel, como Ronaldo y Ariana son la excepción a la regla, ya que tienen la posibilidad de acceso a internet y dispositivos tecnológicos como celulares o computadoras. No es el caso de la mayoría de los jóvenes, que ni siquiera pueden realizar la tarea del colegio o simplemente utilizar las redes sociales.

Desde épocas pre pandemicas, el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires implementa planes de urbanización que no contemplan una solución estructural al problema. Los mismos consisten en parches y pinturas que dan color a las casas, pero no las vuelve mas habitables.

Los adolescentes no cuentan con una red de contención institucional o deportiva que les brinde oportunidades de crecimiento profesional en el arte o en el deporte. Los clubes barriales suplen el rol de un estado que está ausente, pero los cupos no alcanzan para todos, y si bien, los padres tienen el deseo de estimular los sueños artísticos o deportivos de los niños, simplemente no les resulta al alcance.

Colecho, cohabitación, hacinamiento, son palabras comunes en todo  momento en los barrios populares donde se comparte todo.

Nos preguntamos entonces, ¿que hacemos con los adolescentes de los barrios populares en en épocas de coronavirus?. Las condiciones de desigualdad y pobreza les imposibilita  cumplir un protocolo que prevé castigo punitivo para los infractores. En el caso de nuestros jóvenes, seria una doble condena.

 

 

 

 

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