Entre los países que confirmaron el apoyo a Argentina aparecen dos que no estaban contemplados, como Ecuador y Colombia, países con los que la Casa Rosada tiene más vínculo con los opositores que con quienes gobiernan.

La Celac fue creada en 2010 como continuidad del Grupo de Río durante la ola progresista que experimentó la región. En ese entonces, con el impulso de Hugo Chávez, el nuevo bloque adquirió una clara impronta anti-norteamericana y se resaltaba que estábamos frente al único organismo regional sin la presencia de Estados Unidos y Canadá.

Esa retórica que creció durante aquel período, comenzó a desinflarse con la llegada de gobiernos de centroderecha, hasta la victoria del mexicano Andrés Manuel López Obrador en 2018. Sin bien el presidente de México no suele darle prioridad a la política exterior y su único viaje fuera del país fue a Estados Unidos para reunirse con Trump, su gobierno preside el bloque hace dos años.

Tal vez motivado por la creciente tensión con Joe Biden, AMLO se vistió de latinoamericanista y clamó por una “nueva OEA” que no sea “lacayo de nadie” e instó a la Casa Blanca a no tratar al continente como “patio trasero”.

En ese marco, Alberto inició las negociaciones para liderar el organismo a partir de septiembre, cuando se realice la cumbre presidencial. México quiere que Argentina continúe su dinámica pero, ¿qué quiere Alberto?

Los objetivos son varios. Por un lado, utilizar la Celac para pararse por encima de los conflictos existentes en América Latina y erigirse como mediador en situaciones tensas que se viven en Venezuela, Cuba o Nicaragua.

Esto implica un desafío y un fino equilibrio porque para ocupar este rol se requiere de una buena relación con Estados Unidos, algo que en el Gobierno consideran que es posible.

El otro punto que desvela a Alberto Fernández es el comercial. Argentina viene tejiendo relaciones con los países de Centroamérica, al punto que el secretario de Relaciones Económicas de Cancillería, Jorge Neme, viajó a México, Guatemala, Honduras y El Salvador para reforzar esos lazos.

El Gobierno quiere trasladar eso al ámbito de la Celac y potenciar el bloque como actor de comercio con China y la Unión Europea. Esto tiene dos misiones: reconfigurar la integración entre los países y profundizar el camino del aumento de las exportaciones que anhela la Casa Rosada.

La tercera pata está vinculada con la pandemia. Argentina apuesta a acelerar el proceso de vacunación y diseñar una diplomacia sanitaria que sea capaz de asistir a los países que están más rezagados.

La estrategia se encuentra con un problema no menor: el vacío de Brasil. Desde que Jair Bolsonaro llegó a la presidencia, decidió retirar al país de la Celac para alinearse de manera directa con el gobierno de Donald Trump en Estados Unidos.

Esto es un problema porque la pretensión de liderar la región sin el apoyo de Brasil termina siendo una cáscara vacía en términos de poder real.

En Cancillería aseguran que la política exterior será pragmática y que busca integrar a los gobiernos que no piensan como Argentina para construir mecanismos de diálogo y consenso.

Parece muy ambicioso, pero al margen de la baja institucionalidad de la Celac puede ser un buen punto de partida para reforzar un recipiente común que blinde a la región de las injerencias externas.

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